Hay muchos jóvenes que se preguntan porque añoramos tanto esta época y hay muchos mas que desearían haberla vivido. Los Ochentas al menos para nosotros fue mas que una simple década, fueron a pesar del terrorismo, crisis y escasez, una década de felicidad, alegría, amistad, era donde tener un palo largo de madera y otro mas pequeño con una hendidura era nuestra felicidad en semanas, canga le llamaban a este juego, recuerdo a un amigo haberle impactado el pedazo mas pequeño en la mera frente formándose un enorme chichón pero nunca se fue a casa, así como ninguno de nosotros lo hacíamos hasta las últimas consecuencias.
Era la década donde jugamos fútbol o tiros al arco, así lo llamábamos, en el portón de mi casa, dicho sea de paso años mas tarde tuvo que ser cambiado, y jugábamos cada uno de nosotros a ser el arquero favorito de aquellos tiempo o el jugador de moda, si nos divertíamos? y vaya de que manera. Pasábamos la mayor parte del día peloteando, y en los momentos de descanso nada de gaseosa porque no había plata para los que jugábamos, nos uníamos y comprábamos un sobre de chicha morada La Negrita y en un balde de pintura pero que vendían especialmente para los refrescos, hacíamos tres litros sus cubitos de hielo y listo. También teníamos la opción de los ricos Mickys que vendían en la esquina de Bolivar con Linconl.
O en extremo nos apostábamos en las esquinas de las tiendas esperábamos que un incauto se parara con su camión de gaseosa, íbamos sigilosamente por detrás y sacábamos tres botellas de las chicas, robo? no, sed, palomillada, llámenlo como quieran, pero fuimos criados de una gran forma por nuestros padres y la palabra robar no existía para nosotros, pero para no echarme solo, Lucho y Martín completaban el trío. Recordando aquellos partidos hubo uno al lado de mi casa donde jugamos cuatro contra cuatro, eran tiempo violentos donde escuchar una explosión para nosotros era detenerse y decir donde habrá sido y seguir jugando, en uno de esos encuentros la famosa pelota de cuero arequipeño si, esas que cuando cabeceabas quedabas desmayado o como diría un amigo se te movían las ideas, si llovía y se mojaba pesaba como pelota medicinal, la que si te impactaba en la pierna marca asegurada durante una semana. Volviendo al tema del partido, en una jugada el balón se fue hacia la Av Bolivar quedo la muy desgraciada quietita en medio de la pista, uno de nosotros fue muy lentamente a recogerla en ese instante pasa la línea 23 y la roza con las llantas traseras todos en ese instante ¡¡UFFFFF!!.. Pero lamentablemente detrás de ella nada menos y nada mas que un tico, una tremenda tanqueta que salían a diario y que era cosa normal en aquellos tiempos, paso por encima de la pelota dejándola mortalmente herida, todos amontonados, " vamos a meterle un minuto de silencio" y no es broma para nosotros perder una pelota en esos tiempos era perder parte de nosotros.
La pobre termino aplastada como milanesa con el blader fuera de ella, que es como decir con las tripas, ni el mejor cirujano de balones que teníamos, Lucho, podría hacer nada por ella. Lucho siempre venía antes de cada match se sentaba en la puerta de mi casa y religiosamente arreglaba nuestro objeto mas preciado de nuestras vidas, la de cuero. El venía cual cirujano con su aguja curva, el pabilo y una simple caja de fósforos vacía y al poco tiempo, listo a jugar. Hoy en día se revienta una pelota y sacan dinero al segundo para comprar otra, pues en esos tiempos no, se arreglaba todas las veces que se podía, y si ya no quedaba mas que hacer, una gran chancha para comprar otra, pero ojo tenía que ser igualita a la que perdimos.
En los Ochentas todos jugábamos con nuestras zapatillas North Star precisas para el fulbíto, se adaptaban bastante bien, terminábamos con heridas, ampollas y muchas cosas mas, creo que hoy ya no existen o quizás si.
Al terminar el día futbolístico, sobre todo los sábados, nos juntábamos con Lucho y Martín en mi casa para hacer nuestras famosas pizzas caseras, que consistía en la masa, que era harina, margarina, agua, polvo de hornear, jamón ingles y queso fresco porque no había para muzzarella, el costo de la pizza era cinco millones de Intis como decir sus 10 soles de ahora, no había para mas, Lucho se encargaba de hacer la masa, Martín de cortar en trozos el jamón y claro de comérselo también, mientras era guapeado por nosotros y yo cortaba el queso, al final salía la pizza mas rica que haya comido en mi vida, o era el hambre tipo el Chavo?. Era como una galleta, pero el sabor era especial y era marca nuestra, mi hermana Martha puede dar fe que tenía muy buen sabor.
La amistad, complicidad, lealtad de esos tiempos entre nosotros era inmensa y perdura hasta hoy.
Pronto tercera entrega de Los Ochentas.

Ta mare k tiempos akellos, los años maravillosos......k bueno k t acuerdes con tanto detalles pues como te explique hay cosas k no logro recordar, sin embargo cuando lo relatas me retrotraigo a esa gran epoca en k poco era mucho y k lo mas preciado k teniamos y k sun tenemos es esa amistad verdadera y transparente, no sigo pk comienzo a mokear, gracias por esos recuerdos....
ResponderEliminarSin duda alguna fueron los años maravillosos, como dices con lo poco que podíamos tener la pasábamos super bacan, y lo que al final queda es la amistad y haber pasado todo eso juntos y poder recordarlo hoy.
ResponderEliminarAquellos tiempos...
ResponderEliminarLos años maravilloso y jugando con pelota para valientes.
ResponderEliminar