Nuestras Navidades en aquella década eran poco mas que divertidas, nuestros padres se esmeraban para siempre darnos el regalo o la cena soñada en tiempos donde precisamente el dinero no abundaba, uno siempre tenía su regalo bajo del árbol, entonces no eran los muñecos o los juegos sofisticados de hoy en día.
Un carro, una pelota, el famoso puaj muy pedido en esos años, para las chicas, el Apachurrito, las Barbie o para ambos géneros los patines o skates, los Walkman o casetes de los grupos o cantantes del momento, eso si el que menos rogaba que le tocara ropa de regalo. Las cenas en familia, con pavo pero algunos con un pollito a la brasa o chocolate caliente con panetón bastaba, la cosa era pasarla unidos.
Recuerdo mucho que no pensábamos en que regalar, ni nos estresábamos por ello, vamos eramos niños, adolescentes o jóvenes, esperábamos aquel día 24 con religiosidad, entusiasmo y emoción, 9 am todos afuera a charlar horas en mi puerta o en la esquina pensando que hacer mas tarde, contándonos anécdotas o burlándonos de alguien, es inevitable no recordar aquellas conversas y no ponerse nostálgico, alguno de nosotros sacaba su radio para escuchar los hit del momento, pasábamos el día completo afuera, en pocas palabras éramos felices.
Llegada las 8pm todos a Monterrey a comprar el arsenal a utilizar, a veces chanchita entre todos, no eramos muchos, eramos los de siempre y para que mas, era mas que suficientes, comprábamos un arsenal, en esos tiempos no habían las espectaculares luces de hoy en día, pero estaba la rata blanca, la famosa sarta de cohetes, los silbadores tan traicioneros como peligrosos, recuerdo un episodio, el buen Martín fue a buscarme con Paul, cuando asome por la ventana, vi al individuo en mensión apuntando este letal artilugio hacia mi ventana que da hacia Kennedy, no tuve tiempo de reacción, el teledirigido iba directo a mi ventana, mas precisamente a mi rostro, gracias a Dios me dio tiempo de juntar mi cortina, donde finalmente impacto, continuemos con la pirotecnia, estaban los volcanes, las palomas, los famosos apolos peores que proyectiles, los camotes, mencionar también que el propio Martín y no es que sea echador, detono uno cerca del poste de alumbrado eléctrico cerca a mi casa quemando al desdichado foco.
Todo este armamento era comprado donde la tía rambo en las afueras de monterrey, " Tía tiene rata blanca", " Espere Sobrino", se levantaba un mandil a cuadros y tenía colgado toda la artillería pesada en en el cuerpo, toda una Kamikaze mi tía, llegábamos contentos al barrio, pero previa parada en el chinito de Clement para comprar la cajíta de fósforos, encendedor? no hay plata causa, prendíamos nuestra clásica mechita de pabilo, que duraba hasta las 3 de la madrugada, y a reventar todo. Hacíamos un descanso para ir a cenar con la familia, luego salíamos uno a uno a seguir con el show explosivo.
Una anécdota aparte como decía el buen Cipriano, fue cuando Mincho me dijo " Luchito vamos a Cieneguilla a traernos árboles de Navidad, allá abundan y hacemos un negociazo" yo niño inocente pensé que eran aquellos pinos enormes, pero resultaron ser unos cipreses mas desnutridos que Paco el Flaco, claro no vendimos ni media rama porque a las 3 horas de haberlos traído ya estaban secos, fui la burla de mis amigos en especial de Lucho y Martín pero bueno era parte del sistema amical, recuerdo que casi muero ahogado en el río por rescatar mis zapatillas Nike que tanto habían costado, un buen tipo me correteo con una onda voladora que casi acierta en mi humanidad un par de veces, y todo por esa bendita rama, gracias Mincho.
Continuara...
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